Si hoy fuera 16 de febrero del 2010, ahora mismo estaría intentando entender al policía del aeropuerto de Nueva York. Los americanos tienen una costumbre un tanto extraña de darte la bienvenida: te hacen tragarte una cola de una hora para tomar todos tus datos, tus huellas dactilares cual delincuente, sacarte una foto con cara de “llevo 8 horas drogada en un avión, no me hagas esto por favor”,  y someterte a peleas de miradas con el policía que te atiende, por si te derrumbas y reconoces que el único motivo de tu visita es atentar contra el presidente. Así son…

Pero todo eso se olvida cuando te adentras en Manhattan y Jorge te pone “New York, New York” a todo volumen en su furgoneta negra. Entonces te incorporas y abres los ojos porque sabes que eso significa que es la hora de volver a ver la skyline de nuevo. La misma ilusión, la misma sensación en el estómago y el mismo respeto que la primera vez.

Echo de menos despertarme a las ocho de la mañana para patear por la ciudad, echo de menos fumarme tres cigarrillos seguidos en Lexington con la 49, echo de menos a las ardillas, echo de menos que me pidan el DNI para beberme una cerveza, echo de menos relacionar lugares con películas, echo de menos entrar en Tiffany’s a mirar, echo de menos NY…

Este año no ha podido ser pero el año que viene volveremos a vernos.

 

Situémonos en el tiempo. Año 2009, Escuela de Diseño Kunsthal (Irún), clase de fotografía y primer contacto con una cámara analógica. Me queda pendiente una entrega de 10 fotos sacadas y reveladas por mi. A la hora de elegir tema no tuve problemas porque siempre que puedo recurro a los retratos. Admiradora a más no poder de Richard Avedon, gran retratista y fotógrafo de Vogue, Vanity Fair y Elle entre otras revistas, acordé con una amiga, fiel a sesiones matutinas de fotos, soñar haciéndonos pasar por modelos.

Èramos solo dos, así que no teníamos más remedio que ponernos en manos la una de la otra y atenernos a las consecuencias. Ella me maquillaba y me peinaba, y viceversa. Para ser meras aficionadas tengo que reconocer que el resultado fue bastante satisfactorio.

Sombra aquí y sombra allá, instalamos el chiringuito en el balcón de mi amiga. Apartamos el tenderete, bicicletas, enanitos de jardín y habilitamos un pequeño espacio simulando una escena de los años 60. He aquí parte del resultado.

 

Siempre he sido la clásica chica que pinta y colorea todo lo que se le pone por delante; el estuche, la goma de borrar, todos los libros del colegio, las mesas y hasta las paredes. He pasado por todo tipo de soportes y he conocido todas las formas que tiene una madre de regañar.

Influenciada por mi madre y mi hermano, dibujo desde que conocí los lápices. Tuve un parón de dos años y retomé de nuevo mi hobby a los 13, para rendirle un pequeño homenaje a mi perro.

Desde entonces dibujo todo lo que me viene a la cabeza pero sobre todo figuras humanas y retratos a acuarelas. Siento curiosidad por las facciones y la belleza de los rostros de la mujer. Siempre he pensado que la ilustración es como una fotografía que cada uno idealiza y transforma a su manera.


Se trata de sacar fotografías sobre un tema a elegir. Cualquier tema, solo tiene que tener coherencia y una referencia a seguir.

El 28 de Diciembre a las 10.00 de la mañana en Arteleku. Ese fue nuestro punto de encuentro así que allí nos encontramos a esa hora más o menos con Ione Orbegozo, gran modelo donde las haya, Olga Michel Chico, mejicana y entendida en balance de blancos, Neike Zabaleta de Zumarraga y experta sobre tacones de aguja y Laura, compañera de clase.

El tema que elegimos fue Richard Avedon, fotógrafo muy prestigioso (falleció por derrame cerebral en 2004) que trabajó para Vogue, Vanity Fair y Elle, entre otras revistas. Pensamos que se merecía un homenaje y qué mejor que dedicar tiempo a un trabajo enfocado a su obra. Así que seguimos su estilo cincuentero-sesentero en cuanto a indumentaria y escala de grises porque nos gusta su estilo, esa época, su elegancia y no nos vamos a engañar, nos encanta disfrazarnos.

 

Dentro de unos años, cuando sea una viejecita de 80 años enseñaré a mis nietos las fotos que cuando era joven hice mientras cursaba diseño gráfico. Los sentaré en mis rodillas y les diré: “Esta era yo cuando era joven”. Ellos posiblemente sonreirán, acariciarán mis manos y me contestarán: “Abuela, sigues igual de guapa”. Ahora despierto de mi sueño y vuelvo a la realidad de hace dos meses.

A las 10.00 de la mañana en Cristina Enea. Maleta por cabeza y zapatos de escándalo fue nuestra condición. Maialen Muñoa (thelittlepleasure), periodista y gran amiga se encargó de traer mis zapatos del amor, Natalia Salaberria, compañera de escuela y futura paisajista participaba una vez más en este tipo de encuentros que juntas desempeñamos, y yo, Usoa Blanco, estudiante de Diseño Gráfico e interesada por la fotografía, corría hacia el punto de encuentro cargada de material fotográfico.

Utilizamos dos cámaras diferentes, una analógica y una réflex por si teníamos algún percance a la hora de rebelar los carretes. Finalmente todo salió bien.

Natalia y yo nos encargábamos de la analógica y Maialen, con gran ilusión por aprender, gritaba como loca para enseñarnos sus logros con la réflex. A lo tonto y a lo bobo mis tres fotos favoritas las sacó ella (de puro churro pero así es) y por eso os las enseño.


 

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